Uganda: la participación en el JRS, la historia de Eunice
EE.UU.: el sentido de la participación en el JRS
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EE.UU.: el sentido de la participación en el JRS
miércoles, agosto 14, 2013


Participación significa que todo pertenece a Dios; que nos pertenecemos los unos a los otros. Aunque Dios podría haber salvado al mundo sin nuestra ayuda, nos invita en cambio a participar con él a proclamar su amor por todas las criaturas y descubrir nuestro lugar en la familia humana común (Peter Balleis/JRS).
Notre Dame, 14 de agosto de 2013 – En cada corazón humano hay una profunda necesidad de formar parte de algo y de dar. Necesitamos saber que no estamos solos, que alguien se preocupa por nosotros, que alguien nos entiende y que hay alguien ahí por nosotros.

No estamos completos si no podemos entregarnos a los demás, si no hacemos algo significativo en este mundo, si no vivimos de manera que marquemos la diferencia, si no contribuimos a algo que nos trascienda y que tenga un significado, un propósito y un valor. Participar significa vivir relaciones recíprocas y una vivificante misión.

Al caminar junto a los refugiados para que se respeten el principio de subsidiariedad, el personal del JRS ve momentos inspiradores de participación de los refugiados cada día, sin excepción.

La historia de Eunice nos recuerda que a pesar de todas las pruebas y tribulaciones en el mundo, Dios está constantemente creando una nueva vida, una vida a la que también nosotros hemos sido llamados para compartir y participar. Estalla en esta historia a través del nacimiento de un niño, y estalla cada vez que nos conectamos a los demás, cada vez que nos acercamos a las necesidades de los otros, cada vez que permitimos que otros nos ayuden, y cada vez que participamos en todo lo que es el don de dar y recibir amor.

Amar y ayudar a los pobres significa poco si al mismo tiempo no tratamos de darles la posibilidad de descubrir y utilizar sus propias capacidades. Si tratamos a los pobres como si fueran objetos a los que ayudar en vez de hermanos, hermanas y amigos a quienes acompañar en un viaje humano común, entonces no sólo les humillamos, sino que también  degradamos nuestra propia dignidad también.

Ayudar a Lilian y Regina a que participen requiere más que sentir compasión por ellas. La piedad significa sentir lástima por ellas. Empatía significa compartir sentimientos con ellas. Empatía significa participar con ellas en sus luchas y preparándolas para que usen sus capacidades para generar una nueva vida en el mundo.

Esto implica tener un corazón que se sienta con ellas, una concordia en su sufrimiento y collaboratio en su liberación. No son sólo proyectos que hay que llevar a cabo, problemas por definir, asuntos que resolver. Son personas a las que hay que amar, amigos, hermanos y hermanas a quienes acompañar en su camino con dones que ofrecer.

Como recordara el Dr. Martin Luther King Jr, "todos estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, atados en una sola prenda del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente... ¿Se ha planteado que no puedes ir al trabajo por la mañana, sin depender de la mayor parte del mundo? ...Usted va a la cocina a tomar su café de la mañana, y que lo que está vertiendo en la taza lo elaboraron manos sudamericanas. O tal vez quiera un té: eso lo elaboraron manos chinas.

O tal vez usted tome chocolate para su desayuno. Pues eso lo elaboraron manos africanas. Y luego se comerá una tostada elaborada con trigo cultivado por un agricultor de habla inglesa, por no hablar del panadero. Y antes de que termine su desayuno habrá dependido de más de la mitad del mundo.

Así está estructurado nuestro universo;   esta es su cualidad interrelacionada. No vamos a tener paz en la Tierra hasta que reconozcamos este hecho básico de la estructura interrelacionada de toda la realidad". (A Testament of Hope: The Essential Writings and Speeches of Martin Luther King Jr, 254).

Una telaraña de cables nos mantiene interconectados; cuando participamos en la vida de los que sufren y de los necesitados, y nos acercamos y tratamos de ayudar, no sólo nace algo en el otro, sino también en nosotros mismos. La gracia está en el trabajo cuando brota una nueva vida incluso en lo que nos pudieran parecer las circunstancias más abandonadas de la mano de Dios.

Al participar del amor de Dios por el mundo, participamos en la reconstrucción y la renovación de las relaciones con Dios, con los demás, con nosotros mismos, y con el entorno. Al darnos a aquellos que luchan por vivir, paradójicamente, encontramos, al mismo tiempo, una nueva.

Participación significa que todo pertenece a Dios; que nos pertenecemos los unos a los otros. Aunque Dios podría haber salvado al mundo sin nuestra ayuda, nos invita en cambio a participar con él a proclamar su amor por todas las criaturas y descubrir nuestro lugar en la familia humana común.

Daniel G Groody CSC PhD, profesor asociado de Teología y director del Centro para la Espiritualidad y Cultura Latina del Instituto de Estudios Latinos